El libro de la semana: Las primeras poetisas en lengua castellana AA. VV.

LO QUIERO

Las primeras poetisas en lengua castellana Clara JanesAsomarse al libro Las primeras poetisas en lengua castellana significa asomarse a un fragmento de nuestra historia, es como espiar tras la puerta y ver a cuarenta y tres mujeres poetas, desde los tiempos de los Reyes Católicos, en el siglo XV, pasando por los siglos XVI y XVII. Cuarenta y tres mujeres que tenían el ansía de escribir, de expresarse, de crear. Son damas de corte, fundadoras de conventos, mujeres reacias al matrimonio que decidieron entrar al convento, humanistas…

Así que, aunque al pensar en las primeras poetisas en lengua castellana, pareciera que nos vamos a caer en un pozo oscuro del que no emerge agua, gracias al trabajo casi de arqueóloga llevado a cabo por la también poeta Clara Janés, podemos decir que las hubo. Aunque la posibilidad de su inmersión en la literatura se debe a unas circunstancias especiales, porque o bien eran religiosas, damas de alto estamento o hijas de un padre intelectual que quiso fomentarlo, como Luisa Sigea, figura muy interesante del siglo XVI.

Asistimos aquí a la evolución, en estos tres siglos mencionados, de la poesía amorosa, que veremos cómo cambia el concepto del amor, un amor que va a tener dos destinatarios principales, el amor de pareja, al amado que no llega o no está, y el amor a Dios, que muchas veces es presentado también como un amado. Y podremos leer de la mano de Hipólita de Narváez, en su soneto: “Mas ¡oh, felice amante! Pues al puerto/ llegaste, deseado de ti tanto,/ aunque con cuerpo muerto y gloria incierta.” O Sor Hipólita de Jesús Rocaberti: “Oh llave piadosa, /consuela esta alma que rendida pide, / y muéstrale el tesoro/ que nadie puede ver sino el humilde.”

Encontramos también una práctica habitual de la época, las alabanzas a los reyes y nobles, como la que hiciera Isabel de Vega al príncipe Baltasar Carlos de España: “Divino ingenio, lengua casi muda / hermoso rostro, cuerpo desgraciado, / valor inestimable no estimado / con mano larga y de poder desnuda.”

Destacan especialmente por su riqueza de vocabulario, y su libertad expresiva los poemas que se enmarcan en la naturaleza, que se centran sobre todo en jardines, plantas, flores y el agua. Todo ello entremezclado con ricas telas de tradición árabe, que añaden la textura y el sabor exótico, un tono exuberante y colorido. Así podemos leer el poema Competencia entre la rosa y el sol de Isabel de Castro y Andrade, Condesa de Altamira: “Púrpura ostenta, disimula nieve,/ entre malezas peregrina rosa, / que mil afectos suspendió frondosa, /que mil donaires ofendió por breve.” O Catalina Clara Ramírez de Guzmán en su Romance a una fuente: “Presumiendo va de clara / una fuente que al pasar / dio su parecer a un sauce / a quien le dijo verdad.”

Aparecen en esta antología otros nombres más conocidos, como Santa Teresa de Jesús, María de Zayas y Sotomayor y Sor Juana Inés de la Cruz, figuras indispensables de la literatura en castellano, y diríamos de la última, que es clave también para la literatura universal por lo que supuso su aportación con su poema Primero sueño.

Sentirás que el pasado está en tu presente, que recuperas parte de nuestra memoria literaria.

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