Los cuerpos oscuros de Juana Castro

11.00

El amor en la sencillez de lo cotidiano. El amor a los padres.

  • Editorial Tigres de papel.
  • Tapa blanda.
  • 109 páginas.

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Descripción

Al pasar la hoja de color hueso y del gramaje de una mirada furtiva, nos invade la soledad ante tanto amor expuesto en los versos y que ya no va a poder ser materializado en besos ni caricias, pero es un amor que se hace a través de unos versos limpios y puros, que huyen de la metáfora rebuscada, versos que parece que luchan por dar luz a esos cuerpos oscuros, los de la madre y padre ancianos, que ya no recuerdan tragar, que tienen miedo a la noche. Son cuerpos que se llenan de color, el lila, lavanda, morado, ciruela, un color que parece que anticipa la muerte, pero sigue siendo color al fin y al cabo. Estos poemas también le piden al sol que pase hasta el fondo, como se dice en el poema “Viento Norte” (página 33): “-Que entre el sol, que entre el sol hasta el fondo. /Pero el fondo/ se ha quedado sin límites/ y es oscuro y se pierde/ como una caja china entre la niebla.”

Sus cuerpos tienen color, pero, ¿qué ocurre con el cuerpo que queda vivo tras la pérdida?: “Y el mar entra y sale, /va desde su cuarto a la cocina,/y a mí me humedece/ de color gris acero las muñecas.” (Poema “Océanos”, página 18).

Este es un poemario de lucha suave entre la luz y lo oscuro, ya que uno no existiría sin la otra, y es como un regreso en nebulosa, un querer volver al lugar de crianza, de juegos, a las sombras de una memoria, en el que aún las bocas no se habían olvidado de tragar. Solo hay que fijarse en el poema “Querencia” (página 31) para darse cuenta que ya nada tiene esa luz, de antaño, sino que ya es otra y tú eres otro.

Pero realmente es infructuoso hacer tantas tesis alrededor de este libro, tantas elucubraciones, lo importante es que lo leas, porque lo que sabemos al leer “Los cuerpos oscuros” de Juana Castro editado por Tigres de papel y la asociación Genialogías, es que lo que intuimos es el amor, la dignidad de un mundo rural que parece que se escapa, la sencillez de las palabras que dan voz a “lenguas de trapo/y de esponja/y de agua” (poema “Océanos”, página 17), a “la piel aguada”,(“Mordedura”, página 42) a los cuerpos oscuros llenos de luz. Sabemos que “Era una vez” “y está la luna llena dando luz al cortijo” (poema “Era una vez”, página 93).

Juana Castro (Villanueva de Córdoba, Los Pedroches, 1945) ha publicado poesía, artículos de opinión y reseñas críticas. Maestra especialista de Educación Infantil y académica correspondiente de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba. Autora, entre otros, de “Arte de cetrería” (1989-2004), “Narcisia” (1986), “Fisterra” (1992), “No temerás” (1994), “Del color de los ríos” (2000), “Cóncava mujer” (1978-2003), “Del dolor y las alas” (1982) o “El extranjero” (2000), por los que obtuvo los premios Juan Ramón Jiménez, Carmen Conde o San Juan de la Cruz. “Vulva dorada y lotos” (2009) y “Heredad seguido de Cartas de enero” (2010) son sus últimos títulos antológicos, después de “Alada mía” (1995) y “La extranjera” (2006). Medalla de Andalucía 2007 y Premio Nacional de la Crítica 2010.

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