Siguiente vitalidad de Natalia Litvinova

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“Le digo que tengo miedo porque voy a vivir. /Todos vamos a vivir en algún momento, /responde.” Un intenso y bello poemario para sobrevivir a la vida.

  • Editorial La Bella Varsovia.
  • Tapa blanda.
  • 56 páginas.

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Descripción

Bajo el título “Siguiente vitalidad”, la poeta Natalia Litvinova ha echado a volar un pequeño ramillete de poemas que se terminan de realizar, de comprender al sostenerse en el aire, al cobrar vida en ti, lector; y no siguen la suerte de “El ave que no sabe volar es arrojada al aire” (p. 24, “Hueco en pie”), verso que resume el fondo, el limo del que se alimentan estos poemas, donde nosotros somos ese ave al que han arrojado al aire y que no sabe volar. Imaginarse esto, es imaginarse el miedo a vivir: “Le digo que tengo miedo porque voy a vivir. /Todos vamos a vivir en algún momento, /responde.”, (página 30, “El cruce de caminos”).

Y es así como Natalia Litvinova, con un estilo pausado, no exento de fuerza expresiva, por momentos narrativo, con la sensualidad cercana a la muerte, nos acerca al abismo de la vida, porque el problema no está en el morir, sino en el vivir, ¿cómo?, es la gran pregunta. ¿Dónde buscarías tú la respuesta? Ella lo hace en su familia, en su pasado más cercano, en la solidez del misterio aceptado de la naturaleza, que halla por ejemplo en los árboles, que también han sido dañados, pero que siguen creciendo. “Papá se abrazó a un abedul y se puso a llorar. / El árbol lo calmó al ofrecerle su jugo.” (p. 26, “Vengan a mí”)

Flores que hablan ruso y español. Estos poemas, escritos en clave biográfica, desde un yo que se extiende a su familia, a Rusia, Argentina (donde reside actualmente la poeta), y que se convierte en un yo de todos. Nos presenta una niña, ya adulta, que nos habla de una huida, de su familia de Bielorrusia, que conoce las consecuencias del accidente nuclear de Chernóbil como nos cuenta en su poema “Las flores de Chernóbil” (p. 27), que invoca los monstruos del pasado, y que está a la espera de la “siguiente vitalidad”, que está a la espera de: “Mi vida consistiría en aprender/a nadar tranquila.”, escribe en el último poema que cierra su poemario, “El mar de noche es un abismo si la luna no lo toca” (p. 49) y que completa el círculo con el primero que lo abre, “Autobiografía”.

Sus poemas son un temblor de emoción contenida, de una vida, la siguiente, la que sigue a pesar de la memoria, a pesar del dolor, a pesar del miedo a vivir.

Natalia Litvinova nació en Gómel (Bielorrusia) en 1986, aunque reside en Buenos Aires (Argentina). Como escritora se dedica a los campos de la poesía y de la traducción. Ha publicado los libros Esteparia (Ediciones del Dock, 2010; reeditado en España y en Uruguay), Balbuceo de la noche(Melón, 2012), Grieta (Gog y Magog, 2012; reeditado en España y en Costa Rica), Rocío animal (La Pulga Renga, 2013), Todo ajeno (Vaso roto, 2013) y Cuerpos textualizados (Letra viva, 2014; escrito en coautoría con Javier Galarza). Compiló y tradujo las antologías El ruido de la existencia (Leviatán, 2013), El espejo equivocado (Melón, 2013) y Poemas como rezos (Alción, 2015). Siguiente vitalidad(Audisea, 2015) es su poemario más reciente, y ha aparecido con anterioridad en Argentina, Chile y México.

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